Pregunta a cualquiera que acabe de mudarse que le ha sorprendido al moverse por la ciudad y los semáforos salen enseguida. Cruzar Valencia en coche se parece a una sucesión de saltos cortos entre rojos, y esa impresión no es imaginaria.
Valencia gestiona de verdad una de las redes semafóricas más densas para una ciudad de su tamano. No es un fallo de planificación. Es una trama urbana disenada en el siglo XIX, sumada a una decisión deliberada sobre a quien pertenece la calzada.
¿Cuántos semáforos hay realmente en Valencia?
El propio Centro de Gestión de Tráfico municipal lo dice sin rodeos: más de 1.000 intersecciones de la ciudad están reguladas por semáforos. Esas senales se reparten por una red viaria principal de unos 300 km, que soporta cerca de 498.000 vehiculos matriculados para algo más de 800.000 habitantes.
La prensa española suele redondear la cifra a unos 1.100 cruces semaforizados, lo que sale a aproximadamente uno por cada 730 residentes. Toma el número exacto como un orden de magnitud: un cruce no es una sola lampara, cada uno lleva varias cabezas de senal para vehiculos, peatones y a menudo bicicletas.
Lo llamativo es la comparación. Sobre la misma base por habitante, Madrid ronda un cruce semaforizado por cada 2.700 personas y Barcelona uno por cada 2.000. Valencia es unas tres veces más densa que la capital.
Por que tantos? Mira el plano de las calles
La respuesta es geometrica antes que política. El Eixample de Valencia, levantado desde la segunda mitad del siglo XIX una vez derribadas las murallas medievales, se traz o como una cuadricula ortogonal de amplias avenidas que se cruzan en angulo recto, en el mismo espiritu que el de Barcelona.
Una trama regular fabrica cruces. Donde un plano antiguo e irregular produce cruces ocasionales y torcidos, una cuadricula produce un cruce en cada esquina de manzana, de forma sistematica, en todo el distrito. Cada uno es un punto donde dos flujos de tráfico y dos de peatones deben separarse en el tiempo, que es exactamente la función de un semáforo.
Añade el segundo factor y la cifra deja de parecer rara. Valencia es plana, compacta y muy caminada y pedaleada, y la ciudad lleva dos decadas empujando el espacio viario hacia peatones y bicicletas. El semáforo es la herramienta que hace que eso funcione en un cruce.
Tampoco se deja la red a ciegas. Se coordina desde el Centro de Gestión de Tráfico municipal, en el antiguo edificio de Tabacalera, sobre una red de fibra optica, con camaras y detectores enterrados en los carriles que devuelven las condiciones en tiempo real para ajustar los tiempos en lugar de fijarlos.

El primero llego en 1930
La primera senal luminosa de Valencia se instalo en junio de 1930, en la plaza de la Reina, en pleno centro histórico. Es una fecha útil de retener: la ciudad lleva casi un siglo regulando el tráfico por senal, y la red no ha dejado de ampliarse, rehacerse y reprogramarse desde entonces.
Casi todo lo que se ve hoy es mucho más reciente. Las viejas cabezas incandescentes se han ido sustituyendo por módulos LED, más luminosos, mucho más baratos de explotar y, resulta, la razon por la que la siguiente parte de esta historia no costo nada.
Los semáforos que llevan falda
El 9 de enero de 2019 la ciudad puso en marcha sus primeros 20 semáforos paritarios. Junto a la figura caminante habitual, muestran una silueta femenina: una figura de pie con falda en la fase roja, y una figura andando con coleta en la verde.
Se colocaron en cruces concretos por toda la ciudad, entre ellos plaza del Ayuntamiento con Sangre y con Periodista Azzati, Marques de Sotelo con Xativa, Blasco Ibanez con Doctor Moliner y con Gomez Ferrer, Colon con Sorni y con Xativa, Torres de Serranos, Pio XII con Menendez Pidal, y Ramon Llull con avenida de los Naranjos.
El dato que conviene saber es el coste, porque es lo primero que pregunta todo el mundo. Fue nulo. La ciudad ya estaba sustituyendo esas cabezas por módulos LED dentro de un programa de renovación presupuestado, así que el cambio se redujo a un pictograma distinto sobre un equipo que se iba a cambiar igualmente.
El razonamiento de entonces fue directo. El concejal de movilidad, Giuseppe Grezzi, lo describio como acabar con la representación exclusiva de la figura masculina como universal, senalando que todo lo masculino se ha naturalizado durante mucho tiempo como si fuera neutro. La concejala de igualdad, Isabel Lozano, lo planteo como hacer visibles a las mujeres y sus necesidades en el tejido de la ciudad.

Valencia no fue la primera, y otras ciudades fueron más lejos
Madrid llego antes en España, instalando semáforos inclusivos en junio de 2017 para coincidir con el WorldPride, en un lote que incluia tanto figuras femeninas como parejas del mismo sexo. Viena habia hecho algo parecido en 2015, y la idea ha aparecido después en ciudades de Europa y America Latina.
Valencia se sumo por tanto a un patron en lugar de iniciarlo. Lo singular aquí no es el gesto sino la escala de la red en la que se inscribe: 20 semáforos paritarios sobre más de mil cruces es una proporción pequeña, y la ciudad nunca ha anunciado una conversión completa.
¿Qué ciudades tienen aun más?
Nueva York es la que supera a Valencia, y el calculo se puede comprobar. El Department of Transportation de Nueva York opera más de 13.250 intersecciones semaforizadas para unos 8,3 millones de habitantes, es decir alrededor de un cruce por cada 620 residentes, frente a uno por cada 730 en Valencia.
Los medios españoles y regionales describen habitualmente a Valencia como la ciudad europea con más semáforos por habitante y la segunda del mundo tras Nueva York. Esa afirmación circula muchÃsimo, pero nunca se cita con ella un organismo de clasificación ni una metodologia, así que conviene repetirla con cautela. El calculo de fondo frente a Nueva York si se sostiene; el segundo puesto mundial es una formula periodistica más que una tabla publicada.
Dentro de España el panorama es más claro, y Valencia encabeza con holgura las grandes ciudades por habitante. Frente a Madrid y Barcelona la diferencia no es marginal: es de dos a tres veces.
Que significa esto en tu día a día
Si conduces, ajusta las expectativas antes que la ruta. Los trayectos de punta a punta son más lentos de lo que sugiere la distancia, y los semáforos están coordinados en ondas verdes a lo largo de las grandes avenidas, así que mantener la velocidad permitida suele darte más verdes que acelerar entre ellos.
Si vas a pie, esperaras menos de lo que crees. La semaforización densa es la otra cara de una ciudad realmente cómoda de cruzar caminando, y aquí las fases peatonales son frecuentes más que largas.
Una advertencia práctica que conviene interiorizar. Cruzar con el semáforo peatonal en rojo es una infracción de tráfico en España, no una costumbre local, y lleva multa según la normativa estatal. El control sobre peatones es laxo en la práctica, pero no es nulo, y pasa a ser muy relevante si te ves implicado en un atropello cruzando en rojo.
Si vas en bici, ten en cuenta que los carriles bici de Valencia tienen sus propios semáforos en muchos cruces, y no siempre van en fase ni con el tráfico rodado ni con el paso de peatones contiguo. Lee el que corresponde a tu carril.
¿Intentando averiguar cómo es vivir aquí de verdad?
Los semáforos son una anecdota, pero las preguntas que hay detrás, como te mueves, donde vivir, que prioriza la ciudad, son las que deciden si una mudanza funciona. Podemos repasar contigo la parte práctica.
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Sobre el autor
Michael Bastin
Fundador, ValenciaMove - en Valencia desde 2016
Michael se mudó a Valencia en 2016 y ha ayudado a decenas de familias a instalarse desde entonces. Escribe personalmente cada guía del sitio y verifica cada dato con fuentes oficiales españolas antes de publicar.
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